"No hay día que no llore su nombre, amor mío;
ni razón que me calme.
No hay paz donde halle consuelo, abuelito;
ni brazos que no lo extrañen.
Porque si lo extraño, porque me hace falta,
porque no entiendo a la vida que quita y regala melancolía.
Porque siento que soy tan pequeña para entender las grandes treguas
de la vida con la muerte.
Porque se que está ahí,
cerca mío o dónde aclamen su nombre, amor mío.
Pero no verlo es un suplicio,
es un dolor forte que acongoja y desarma.
Y mi única calma,
es saber que ahora está bien con su amor, su otra alma.
Y es sólo ahí, donde mi dolor encoraja." María José López Muñoz.
Septiembre 05, 2014.
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